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Eclipse de sol

Imagen JSF
No hay plazo que no venza, ni fecha que no llegue.

Casi todos, por no decir todos, anhelan el momento de la jubilación. Librarse del trabajo que por muchos años ha realizado. No más tarjetas que checar, citas que atender, no más preocupaciones de negocios.

Ha llegado el momento de disfrutar a la pareja y la familia, de dedicarse al deporte y pasatiempo que tanto gusta y nunca hubo tiempo de practicar.

Así es un lado de la moneda. Pero, ¿y el otro? La jubilación tan esperada, llega y sorprende.

Tres casos

Aunque ya entrando en los 60, Don José da la impresión de ser un joven lleno de vida, trabajó por 40 años en una fábrica, y dejó un ejemplo de honestidad, responsabilidad, servicialidad, sencillez y alegría. No necesita nada extraordinario para sacarle jugo a la vida. Goza cualquier detalle, no espera nunca demasiado para sí mismo, siempre está de buen humor. Su felicidad está construida sobre el bienestar de los suyos, disfruta los logros y éxitos de los demás. No se deprime ni se siente un viejo inútil, no tiene mucho tiempo para pensar en sí mismo. Por el contrario, siempre tiene el pendiente de ver en qué lo necesitan.

Al igual que don José, don Pedro llegó a la esperada jubilación. Él es toda una autoridad en lo que a construcción se refiere. Triunfó en la vida y formó una familia que ahora se multiplicó con la llegada de los nietos. Es reconocido por sus familiares y amistades como un gran hombre lleno de cualidades. Hace dos años que se retiró, pero se ha vuelto muy difícil para él y su familia manejar este cambio de vida.

Se ha dejado abatir, él cree que jubilarse es ya no hacer nada o no servir para nada. La oportunidad de probar nuevas actividades, desarrollar nuevos intereses y fijarse nuevas metas, no es una realidad para él. Esto ha ocasionado que se sienta frustrado y dé rienda suelta a su mal genio, a tal grado que ni él se aguanta. Sus familiares lo quieren y desean ofrecerle compañia, pero con esa actitud, no hay quien pueda pasar un ratito con él. ¿Qué le pasa a Don Pedro?

Don Ricardo es un hombre lleno de cualidades y padre ejemplar de nueve hijos. Sagaz para los negocios, culto, conocedor del mundo. Tenía un especial interés por conocer la gente, tradiciones y costumbres de cada país que visitaba. Así, Don Ricardo llegó a la edad dorada de la jubilación. Han pasado tres años y sus planes para disfrutarla no se han realizado. ¿Qué le sucede?

Síndrome de jubilación

Como síndrome de jubilación se conoce al conjunto de síntomas como: el sentirse inútil, tristeza, mal genio, derrotismo, aislamiento y muchos más, que aquejan a miles de personas en esta etapa de la vida, y en el que han caído don Pedro y don Ricardo.

¿Qué es lo que le origina este estado de ánimo tan deplorable?
- Olvido de todo lo bueno que tiene el hecho de jubilarse.
- Aislamiento.
- Le cuesta mucho aceptar su realidad, la idea de ya no ser el sol que a su paso deslumbra.

¿Qué puede hacer para salir adelante?
- Reconocer su actitud ante una nueva etapa de vida abre la puerta para ser un hombre entusiasta y feliz.
- No pensarlo más, ni lamentarse. Poner manos a la obra, saber que todo tiene solución, que al reconocer la actitud negativa la mitad del camino se ha recorrido.
- No destruir lo que tanto tiempo y esfuerzo costó construir.
- Preguntarse si hay alguien a quien se pueda ayudar, o bien, aconsejar.
- Apreciar el tener una familia o amistades que lo aman. ¡Gozar a los nietos!

La jubilación

Esta época de la vida trae consigo las limitaciones que imponen los años y es cuando los achaques salpican la existencia.

Sin embargo, al estar consciente de estas realidades es conveniente buscar que no se produzcan efectos negativos como: aislarse del mundo, reducir el campo de interés, conducta y pensamiento egocéntrico.

Por el contrario, hay que buscar todo lo que sirva para optimizar la calidad de vida de esta etapa.

Así como se espera todas las bondades que trae consigo la jubilación, también se debe tomar en cuenta los posibles riesgos que puedan opacar las expectativas que se ha trazado, preparándose de tal manera que se esté capacitado para manejar cualquier situación.

Un aspecto clave en la preparación es dar importancia a la actividad del funcionamiento de los órganos.

La atrofia por inactividad (desuso o reducción de algunas funciones), también afecta al cerebro en su capacidad intelectual y desequilibra a la persona en el área afectiva.

Ejemplos como Adenauer, Picasso y muchos más, que tuvieron una actividad prodigiosa hasta una avanzada edad, y aquellos conocidos que a pesar de su ancianidad siguen siendo útiles, creativos y productivos son razones para motivarse y fijarse metas.

Aún rebasados los 60 ó 70 años, es tiempo de cambiar, todavía hay un sinfín de oportunidades de pasarse la vida a todo dar.

Es cuestión de reflexionar, descubrir los obstáculos, decidirse y lanzarse a una etapa más de la vida.

Por  Patricia L. Santos de Salinas

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