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Misión Sacalabriniana en San José de Cúcuta

Imagen JSF
El mundo de las migraciones es muy amplio y tiene diferentes rostros algunos de ellos muestran la riqueza del ser humano, sin embargo otros muestran nuestra fragilidad y egoísmo. Pues no sólo cerramos las puertas de nuestras fronteras, sino clausuramos el don de la alteridad y de la fraternidad.

A diferencia de México y sus migraciones hacia Estados Unidos, Colombia vive un movimiento migratorio más, el desplazamiento, originado por el conflicto interno del país. Un desplazado es una persona que para salvaguardar su vida, su integridad tiene que salir de su lugar de origen, abandonándose a la suerte, perdiendo sus pertenencias y muchas veces a su familia, muchos de ellos se desplazan por las amenazas constantes. En un inicio los desplazamientos eran masivos, hoy en día son más individuales, por eso muchas veces se dice que ya no hay desplazamiento. Este desplazamiento normalmente se ha dado de los pueblos a las ciudades, sin embargo en los últimos años también se da al interior de las ciudades. Frente ha esta realidad muchas veces se culpa a los grupos al margen de la ley (ELN, FARC, EPL, entre otros) , sin embargo no han sido los únicos, ya que también las Auto Defensas, el Ejercito Nacional y la Policía Nacional han contribuido ha dicho fenómeno.

A estas personas muchas veces las encontramos en las calles, en los semáforos pidiendo dinero o vendiendo dulces, cigarros, etc., se asientan en las periferias de las ciudades. A ellos el Estado después de haberles reconocido como desplazados les otorga una ayuda para sobre vivir por tres meses, después cada uno tiene que solucionarse su vida como pueda. La falta de trabajo dificulta su situación y en su mayoría las familias están constituidas por mujeres “cabeza de hogar”.

El desplazamiento se sigue presentando en el 100% de los Departamentos de Colombia, el 87% de los municipios han expulsado mientras que el 71% han recibido la población desplazada. Se dice que la población desplazada es de tres millones. La triste realidad es que del 50% de la población desplazada es menor de 15 años, sobre todo los grupos indígenas y afro-colombianos han sido los más afectados. La realidad la podemos presentar con números y estadísticas, pero hay que tener presente que ellos no sólo tienen que ser objeto de estudio, ya que detrás de cada número hay una vida, una historia y miles de sueños, que en unidad con ellos debemos hacer posibles para que se hagan realidad, empezando por el de la paz y el de las demandas básicas para una vida digna.

Frente a esta realidad la Iglesia no puede quedarse en buscar culpables, sino que tenemos que buscar alternativas para ser puentes de paz, ser voz y clamar por los Derechos de Humanos de estas personas, muchas veces ya cansados de ser utilizados de banderas para fines personales y políticos. Tenemos que ser mediación para que la ayuda y sus derechos sean reconocidos. Hay que seguir apostando por la promoción humana con gestos y acciones que cubran sus demandas más urgentes como lo es: la alimentación, hospedaje, salud y educación.

Los Misioneros de San Carlos – Scalabrinianos, llegaron a Colombia, por la invitación de Monseñor Pedro Rubiano para hacerse cargo del Centro Diocesano de Migraciones y Solidaridad de la ciudad de San José de Cúcuta, ciudad fronteriza con Venezuela. Es una institución privada de la Diócesis de Cúcuta, sin fines de lucro, de carácter caritativo de la Iglesia Católica. Bajo la responsabilidad y administración de los Misioneros de San Carlo Scalabrinianos son ya 28 años.

A partir de 1966 y de manera mas fuerte desde 1969 las repatriaciones de indocumentados por la frontera se fueron intensificando al punto que se planteó en Cúcuta la necesidad de hacer algo por las personas expulsadas de Venezuela deambulaban por la ciudad completamente desamparadas.

La iniciativa fue tomada por la Pastoral Social que utilizando una oficina de la Curia Diocesana empezó a prestar a los deportados una ayuda personal en lo relacionado con orientación, servicio medico, droga, auxilio para alimentación, alojamiento, vestuario y transporte. De esta forma los usuarios fueron atendidos hasta el junio 1975 cuando se inauguro el actual Centro de Migraciones en el barrio Pescadero. Primera encargadas de la asistencia a los deportados fueron la Hermanas Vicentinas a quien siguieron en 1979 los Padres Scalabrinianos: P. Alexander Dalpiaz y P. Roberto Maestrelli que se encargaron de terminar la construcción del centro y de administrarlo. En el 2000 se amplió la atención también a personas que por motivos diferentes a la deportación se encentraban en la zona fronteriza como migrantes forzado por la pobreza o por la violencia (desplazados)

Brindamos atención especial a:
DEPORTADOS: personas detenidas y expulsadas de países vecinos debido a las rígidas leyes migratorias.

DESPLAZADOS: personas que se han visto forzados a migrar dentro del territorio nacional, porque su vida, su integridad física, su seguridad y libertad ha sido amenazadas debido al conflicto armado interno.

REFUGIADOS: personas que buscan protección en otros países por motivo de persecución.

INDÍGENAS: personas que salen de sus comunidades para hacer llegar diligencias de salud en la ciudad y, luego regresan a su lugar de origen.

EN TRANSITO: van de un país a otro buscando donde establecerse.

El objetivo del centro es brindar hospitalidad, orientación psicosocial y espiritual por unos pocos días a los migrantes, deportados, desplazados, refugiados e indígenas; a colombianos y extranjeros, que pasan por la ciudad de Cúcuta.

La misión del centro es prestar un servicio social y evangelizador realizando actividades de acogida, asistencia, apoyo, orientación personal, espiritual y psicosocial.

La visión es ayudar a las familias migrantes y desplazadas a reconstruir un nuevo proyecto de vida digna en la ciudad, mediante la orientación, capacitación, apoyo espiritual y de promoción que les permita su integración en la nueva comunidad.

En específico los servicios que prestamos son:
Alimentación (desayuno, almuerzo y cena) y alojamiento temporal.
Orientación psicosocial y espiritual.
Apoyo y orientaciones para ubicaciones y salida de la ciudad.
Aseo personal, uso de lavandería.
Remisión a otras instituciones nacional e internacional.
Orientación para la consecución de documento de identificación.

Años después el P. Roberto Maestreli, inicio en la periferia de la cuidad, en el barrio Ospina Pérez a formar una nueva Iglesia que lleva por nombre: Nuestra Señora de la Natividad, que inicio como un centro espiritual. Hoy en día la misión la lleva al frente el P. Francisco Bortignon. Estos dos hombres de Dios no sólo han sido administradores de sacramentos, sino que han sabido leer la realidad y dar respuestas a la gente, que en su mayoría son personas vulnerables y desplazadas.

La comunidad parroquial cuenta con seis iglesias, cinco colegios en los que estudian alrededor de cuatro mil niños, de pre-escolar a bachillerato, cinco comedores en los que aproximadamente comen mil seiscientos niños desplazados y vulnerables. A demás se han creados talleres de capacitación en modistería/confección y panadería, que junto con la capacitación se da un ingreso en alimentos mientras hacen en curso. Para ello sean creado proyectos para presentarlos al PMA (Programa Mundial de Alimentos) y se trabaja en unidad con otros organismos no gubernamentales como son: el Alto Comisionada de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), Consejo Noruego, OIM, CISP., con la finalidad de buscar apoyo para nuestros programas. También se tienen relaciones con empresas particulares que con sus programas sociales contribuyen a la misión para afrontar los gastos de la misma o para patrocinar las campañas de salud y servicios médicos, farmacéuticos y en algunos casos quirúrgicos.

Además del colegio en los barrios se esta implementando el programas de lúdicas, que tiene como finalidad, de reforzar el estudio de los niños y favorecer a la integración comunitaria, a la solidaridad a través del juego. Para que en un futuro no muy lejano sean ellos los encargados de reconstruir el tejido social. En este programa de lúdicas, se les da asesoría académica, se les enseña manualidades, danzas y se les favorece un espacio para el juego y la recreación que los ayude a la integración y a la participación.

Esta es una parte de la misión ya que tampoco podemos descuidar la parte pastoral y evangelizadora de nuestra parroquia. Después de las celebraciones eucarísticas como principal atención pastoral tenemos la catequesis, ya que es la base de la educación cristiana. A demás de que nuestra población es joven e infantil, en este año se confirmaron alrededor 420 jóvenes entre 14-16 años y en la catequesis de primera comunión tenemos un número similar con niños de 8-12 años. Es por eso que en nuestra comunidad parroquial contamos con un promedio de 70 catequistas que quieren vivir su bautismo. A demás de eso están los núcleos, que son pequeños grupos descentralizados de la parroquia, que se encuentran para compartir la palabra de Dios, la oración y la eucaristía. Como pueden ver la misión es grande y la presencia de Dios siempre nos ha favorecido para seguir adelante.

Nuestra comunidad misionera esta conformada por nuestro querido P. Francisco Bortignon c.s., P. Carlos, asociado (Colombiano) y por la muy rica colaboración de nuestros laicos voluntarios: Mirco, Leonardo, Diego, Bruno (Italianos), Manuel (Alemán) y un servidor: Jesús Salinas religioso scalabriniano (mexicano). Nos encomendamos a Dios y a ustedes para que con sus oraciones nos ayuden a seguir caminando en nuestra misión con los desplazados y vulnerables.

“No podemos llegar al cielo con los zapatos limpios”
(Beato Juan Bautista Scalabrini)

Por  Jesús Salinas Hernández

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