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PRESENCIA DE LOS MISIONEROS DE SAN CARLOS EN BÉLGICA

Imagen JSF
Parecía que a finales de la década de 1880, los Scalabrinianos arribarían a Bélgica para atender a los migrantes italianos, por iniciativa de Mons. Charles Cartuyvels, vicerrector de la Universidad de Lovaina. Sin embargo, los misioneros no contaron con los medios ni recursos apropiados para poder hacerse responsables de tal encomienda.
No fue sino hasta 1946, que el primer misionero scalabriniano – P. Gino Macchiavelli- comenzó en Bélgica la pastoral para los migrantes, quienes, por lo general, eran víctimas del racismo, de la pobreza y del trabajo pesado en las minas.
En Bélgica, básicamente el apostolado ha consistido en acompañar a los migrantes con las llamadas “Misiones Católicas Italianas”. Se trata de programas con los que se procurara impartir sacramentos a los fieles; visitar las familias y los lugares de trabajo; emprender tipo Clubs en donde los italianos pudiedan expresar y compartir con libertad su cultura. Otro aspecto muy importante de estas misiones es su afán por crear conciliación entre los empleados y los patrones, entre los gobiernos y los extranjeros.

Especial atención se dio a los migrantes italianos que trabajaban en la minas de carbón.

Las ciudades en que se ejerció el apostolado fueron: Cuestes- Flénu, Lovaina, Maurage, Péronnes-les-Binche, Quaregnon, La Louvière y Marchienne-au-Pont.

Actualmente, para un mejor servicio y organización, las misiones en Bélgica se coordinan en la Provincia de “La Inmaculada Concepción”, a la que también pertenecen Francia, Luxemburgo y Portugal.

Por  Oscar Cuapio Lima

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