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COMUNIDAD DE TEOLOGÍA DE MANILA, FILIPINAS

Imagen JSF
Los años pasan como un suspiro… sólo quedan los recuerdos. Parte importante de nuestra vida es hacer memoria de nuestro pasado, para así poder continuar el camino en el presente y lanzarse hacia el futuro.

Hace 23 años que por primera vez los Scalabrinianos pusimos pie en Asia. Nuestra puerta de entrada a ese maravilloso, fascinante y misterioso continente fue Filipinas, y más precisamente Manila. Fue el Cardinal Jaime Sin que nos dio la bienvenida en su Arquidiócesis. Los Scalabrinianos inmediatamente se pusieron a trabajar, organizando el apostolado nacional migratorio, el apostolado del mar, además de fundar un Centro de Estudios Migratorios. De Filipinas los Scalabrinianos dieron el salto hacia Taiwán, luego Indonesia, Japón y ahora Vietnam.

En 1988 se inició la comunidad teológica en Manila con los tres primeros religiosos filipinos de la Congregación. Dos de ellos son ya sacerdotes misioneros: P. Boy Galdo que trabaja en Australia y P. Mario Lorenzana que trabaja en Canadá. En estos 17 anos de vida el seminario ha formado alrededor de 30 sacerdotes misioneros que están misionando en varios países del a tierra.

Actualmente la comunidad teológica de Manila está formada por 2 sacerdotes (un Italiano: P. Giuseppe Visentín que fue Consejero General y Provincial de la provincia Australia-Asia; y un Mexicano: P. Carmelo Hernández), 20 religiosos estudiantes de teología (seis mexicanos: Enrique, Tomàs, Andrés, Marcelo, Leobardo e Ismael. Tres Brasileños: Vanilson, Claudio y Jefferson. Cinco Colombianos: Alirio, Victor, William, Rafael y Oscar. Un Italo-Canadiense: Francesco. Un Paraguayo: Nilson. Dos Filipinos: Ranulfo y Wilver. Dos Haitianos: Rico y Gesner.). Un hermano mexicano: Lupito.
En nuestra casa viven también 4 aspirantes Chinos (Li Jien, Li Gang, Liu Xiaoping y Gutian Zhao), un sacerdote asociado Indonesiano (Karolus)... y para completar el cuadro damos hospitalidad a 7 estudiantes Vietnamitas que estudian Inglés (Thien, Son, Huy, Tu, Quong,...).

Nuestra comunidad alargada es verdaderamente internacional. Vivimos personas de 11 nacionalidades... logramos comunicarnos a través de una lengua común: el Inglés. Nuestra comunidad quiere ser un signo de la nueva Pentecostés, es decir, que la diversidad de países de procedencia, el hablar lenguas diferentes, no sean obstáculo, sino un signo de que es posible construir comunión en la diversidad.
Hablamos Spanglish (mezcla de Español e Ingles); Taglish (mezcla de Tagalo e Ingles); portañol (mezcla de portugués y español)...

¿Por qué estamos en Asia? ¿Qué hacemos en Asia?
Estamos allí porque fuimos enviados a ser misioneros en esa parte del mundo. Somos testigos de Jesucristo. Estamos allí para aprender a vivir como hermanos, para dar una mano amiga al migrante.
El Asia es un mundo maravilloso y diferente a nuestro mundo occidental. Hemos llegado a Asia con nuestras ideas de misioneros para los migrantes, con nuestras propias experiencias personales y eclesiales, y allí hemos tenido que quitarnos los zapatos, pues como Moisés en el Sinai, hemos descubierto la presencia de Dios allí. Hemos tenido que aprender a despojarnos de nuestro ropaje, de nuestras ideas y mentalidades, para vestirnos con un nuevo vestido, un nuevo ropaje, con nuevas ideas y mentalidades. Hemos sufrido en este proceso que muchas veces ha sido doloroso. No es fácil tener que aprender un idioma distinto al nuestro, no solo gramaticalmente, sino aun en la misma manera conceptual de entender la realidad; una comida tan diversa a la nuestra; y más aun una cultura que se nos presenta tan extraña a la nuestra. Lo que para nosotros era familiar no existe más. Tenemos que aprender a hacer familiar lo que nos era extraño, aun desde la misma manera de saludar a las personas, a la manera de comer, de actuar, de gesticular.
Por ejemplo, un italiano tiene que mover constantemente las manos al hablar, y normalmente tiene que hacerlo en voz alta. Para un asiático bastan los gestos faciales para decir lo que se piensa y se tiene que hablar en voz normal.
Se cuenta que una monja asiática llego a un convento de su Congregación en Roma. Le sorprendió la manera ‘fuerte’ de hablar de sus hermanas italianas. Cuando un día habló por teléfono a su casa le dijo a su mamá: “No se lo que pasa aquí en el convento, parece que las religiosas siempre están enojadas, pues siempre hablan en voz alta”

Hoy se dice que este siglo será el siglo de Asia. Esperemos que este siglo sea dedicado a predicar el Evangelio de Jesucristo en Asia, porque ellos tienen derecho, como bien decía el Papa Juan Pablo II, de escuchar la Buena Noticia. El 60% de la humanidad vive en Asia. Y ¡sólo el 3% de los asiáticos son cristianos! Nosotros nos preparamos allá en Asia para ser misioneros para los migrantes con un ‘sabor asiático’. Seremos una murmullo en medio de ese mundo, pero murmullo que algunos escucharan.

Por  Padre Carmelo Hernández, cs

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