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AVENTÙRATE CON CRISTO

Imagen JSF
AVENTÙRATE CON CRISTO

Cuando interpelando a nuestra vida escuchamos la palabra “ aventura” nos llegan como un
torrente una serie de ideas y emociones, en ocasiones hasta confusas, de lo que esta expresión puede significar.

Se puede pensar en riesgo, incertidumbre o diversión; y podemos sentir ansia, miedo o energías para emprender algo. Lo cierto es que son muy pocos aquellos que son capaces de quedar indiferentes ante la oportunidad de lanzarse a una aventura tal como tomar un par de bicicletas y viajar por semanas sin rumbo con apenas lo necesario para sobrevivir unos días, o internarse en un bosque desconocido, o escalar una montaña con el mínimo de protección.

Sin embargo, una aventura cada vez más extraña para el mundo de hoy es el aventurarse en la misión de Cristo y de su Iglesia. Aunque no es reciente el expresar así el camino al lado de Jesús, se difunde cada vez menos, esto porque también se desconoce lo emocionante que puede ser el desgastarse por el Reino de Dios. Por lo anterior, me gustaría compartir con ustedes queridos lectores sólo algunas de las anécdotas más interesantes que he vivido en mis años de formación religiosa al lado de Jesucristo. Comienzo contándoles que en mis primeros meses de formación, el padre vocacional de ese entonces, me envió al lado de otro hermano a compartir un tema en un grupo juvenil, pero al no conocer Guadalajara Yo de Acapulco y mi hermano de Veracruz naturalmente nos perdimos cerca de las nueve de la noche. Fuimos a dar hasta un barrio hermosamente grafiteado y comprendimos que estábamos en problemas cuando se nos acerco un grupo de jóvenes alcoholizados. El problema quedó resuelto al compartir con ellos a Cristo y unas cuantas monedas y billetes.

En otra ocasión, en mi primera misión de Semana Santa, en un pueblito del estado de Veracruz me toco atender al lado de otro hermano y un Sacerdote dos pequeñas comunidades que distaban quince minutos, en auto, una de otra. Como habíamos
llegado el sábado anterior al Domingo de Ramos, nos internamos en una especie de selva para cortar grandes ramas y adornar las capillas para el siguiente día. Cuando empezó a oscurecer fuimos presa de un ataque de mosquitos del cual pudimos salir bien librados mirándonos con nuestras grandes ronchas en la cara. La sorpresa fue a la mañana siguiente, en que nuevos en el asunto, no esperábamos que las ramas estuvieran tan marchitas a causa del fuerte frío de la noche. De esta manera llevamos a cabo la celebración con una capilla hermosamente adornada de un par de ramas que se lograron rescatar.

En mi primera misión de veranos en la etapa de la filosofía, tuve la oportunidad de viajar a Tecún Umán, Guatemala, en donde me enviaron a una de sus bellas comunidades en la que me fue un poco difícil pasar los primeros días de adaptación. Inserta entre platanares, la humedad y el calor casi me deshidratan al caminar alegremente visitando las familias en sus hogares, acompañado de una catequista que a sus 45 años reía enloquecidamente de mi divertida” situación.

Todo esto sin contar con que en el camino de regreso me encontraba con una comunidad
variadísima de pequeños insectos, mismos con los que poco a poco fuimos entablando amistad. Después de un mes me despedía con gran tristeza de aquella comunidad que tanto me enseñó y a la que espero un día Dios me permita regresar.

Pero sin duda, lo que más he disfrutado es la oportunidad de contar con un tiempo privilegiado para relacionarme con Dios a través de la Eucaristía diaria y la cotidianidad de la oración, siempre claro acompañado de la Virgen María. Además, la convivencia con hermanos de todas latitudes y el acompañamiento de Sacerdotes que han misionado en varias partes del mundo y ofrecen el gran regalo de compartir personalmente sus experiencias que ha sido parte de un camino de formación maravilloso.

Estas han sido solo unas brevísimas líneas en las que el contando un poco de la vida de un
humilde misionero, se puede caer en la cuenta de que el camino con Jesús no necesita de todo lo que hoy se nos ofrece en la sociedad para ser agradable y enriquecedor. La aventura con Cristo puede llegar a ser mucho más apasionante de lo que se pueden imaginar, ahora me encuentro en Sao Paulo, Brasil estudiando la teología, pero esto será para otro número de la revista, siempre y cuando nunca se pierda el contacto con Él que nos llama a aventurarnos al lado de Jesús. Si quieres probar un poco de esta aventura, no lo pienses más y decídete aquí y ahora con los misioneros de San Carlos-Scalabrinianos, una familia para los migrantes en el mundo.

Por  La Redacción

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